Princesa de chocolate


Cuantas lunas, te callaste ese sentimiento que llevabas preso, escrito en tu cuaderno que nadie más leyó.

A cuantos amores perversos, tus pretextos han dicho no.

Quien te ha hechizado, con un dedo húmedo, que tu cara iluminó.

Quien ha logrado, que todo eso que miedo te  ha dado, desapareciera junto al adjetivo de doncella, una tarde de tarea y bájate para que sientas.

Se voló, este calificativo,  como volaron los momentos en que tus movimientos,  te convertían en una más, igual al montón, que quitaron su botón y callo su pantalón, para nunca más volver.

Sé que estabas destinada a ser tu, princesa, pero este sapo príncipe te beso, destruyendo esas batallas, que el deseo contigo delibero, acabando con tanto consejo que tu madre brindo.

El tiempo te perdonó como diecisiete años, que tu cuerpo se cohibió al desenfrenado carro de la pasión.

Fue el espacio adecuado, la música que ha sonado, te ha incitado, el baile antes practicadó, te sirvió, lista para el pecado.

 Solo se escucho un suspiro entre signo de admiración.

Era un verbo haciendo te mujer, desde el ocaso aquel, hasta los vientos que toquen tu piel.

Quedaste condenada al sabor de mi hiel, bajando por tu garganta.

Desearía yo poder ser, el caballero que se convierta en tu rey.
Mi camino se trunco, por aquellas cosas de cuentos de hadas, que nadie entendió, o el estúpido autor no anotó.

Así que te toco continuar en este cuento, sin merito, sin gloria, más de la que yo profeso en este texto.

Sabiendo yo ,  que tanto me gusto ser tu justiciero que clavo la espada de hierro en tu cuerpo y que mato, a la niña que tanto te confundió.

Fui tu aventura en sazón de verdugo, me encantó dar de comer a tu ser caníbal, que llevabas tan oculto en tu piel.

Sé que podras tener, otras aventuras, que en verdad lleguen más haya tu tez, de las que se incrustan en el corazón solo para morir ahí y vivir más haya después de haber dicho adiós.

Sé que tú no eres así, por eso escogiste ser, tú como un cuento, y yo como historiador.
Que mancho tus hojas de esa tinta con ardiente dolor. 

Que disfrutó de tu cuerpo de princesa de chocolate que él siempre deseó.
kr

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